¿Quieres jugar conmigo?



¡Qué tarde taaan aburrida!

Una tarde de verano, Tortupejo estaba sentado en un banco del parque, sin nadie con quien jugar. ¿Dónde se habrían metido todos? No tenía ningún amigo para poder hacer túneles, ni para jugar a esconderse dentro de su caparazón.

De pronto, escuchó unos sonidos que venían del camino hacia un riachuelo cercano.

- Iré a ver de dónde vienen esos sonidos- . Se dijo a sí mismo.

Mientras caminaba, Tortupejo imaginaba qué podía ser el sonido misterioso, pensó que podría tratarse de algún monstruo malvado, o tal vez de alguien que necesitase ayuda.

Mientras se decidía si seguir adelante o volver a su casa pensó:
-¿Somos valientes las tortugas? ¿Si me encuentro en peligro, que podría hacer?-

El pequeño Tortupejo fue caminando despacito hacia el riachuelo, no sabía qué podía ser aquel ruido.

Cuando los sonidos estaban cada vez más cerca, ¡qué sorpresa! Allí se encontró un animal extraño, con unos dientes enormes.
-¿Quién anda ahí?- Dijo aquel animal.

-¡Ups, me ha oído!- pensó Tortupejo, que estaba escondido.

- Emm, ssooy Tort-tort-u-pejj-o.- Tartamudeó saliendo de su escondite. - ¿Y tú quién eres?-

- Yo soy Gedeón el castor-. Dijo mordiendo unas ramas.- ¿Te gustaría ayudarme?, necesito ayuda para mover estos troncos, estoy haciendo un dique para que todo el mundo se pueda bañar, y tú tienes un caparazón fuerte para transportarlos-.

-¡Claro, me encantaría ayudar!-. Dijo Tortupejo.

Cuando terminaron, Gedeón el castor llamó a todo el mundo, ¡ya estaba lista la piscina!.
Fueron todos los animales a bañarse y estaban muy contentos. ¡Ya no serian las tardes nada aburridas!.

0 comentarios:

Publicar un comentario